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viernes, 22 de mayo de 2015
sábado, 11 de abril de 2015
"Los ojos de mi madre" en la Librería RAYUELA
En las fotos con Aydee Mora Perdomo, propietaria de la librería, y con Elizabeth Bonilla Barroso y Julian Campos, miembros del equipo de Rayuela, que en todo momento me apoyaron durante la performance. Mi eterna gratitud.
viernes, 30 de mayo de 2014
jueves, 24 de abril de 2014
En Xalapa, pueden comprar "El cucaracho y otras aventuras" en LIBRERÍA RAYUELA. XALAPEÑOS ILUSTRES 44.
En Xalapa, pueden comprar "El cucaracho y otras aventuras" en LIBRERÍA RAYUELA.
XALAPEÑOS ILUSTRES 44.
XALAPEÑOS ILUSTRES 44.
martes, 15 de abril de 2014
lunes, 14 de abril de 2014
Literatura líquida Novela. Día 25. Entrada 26.
Aquellas lágrimas me devolvían cada poco tiempo
al ciclo de permanente duda en que vivía por esos días. Me desorientaban por
completo y me ponían en una situación emocional insoportable porque no sabía a
qué atenerme, yo preguntaba de continuo si estaba pasando algo que debiera
saber y nadie me acababa de responder.
De modo que sólo pude responder que deberían
habérmelo dicho antes y que no estaba bien que estuviera tan alejado de mi
madre el día en que la tía abuela me agarró por los mofletes y mirándome
directo a los ojos me dijo.
—
Escúchame
bien, tengo que decirte algo. Tu mamá se fue al cielo.
En el momento en que me lo dijo me quedé inmediatamente mudo y no supe
realmente qué responder. Un sinfín de imágenes superpuestas las unas a las
otras pasó por mi mente en fracción de segundos y mis ojos se congestionaron
hasta que las lágrimas se abrieron paso, me derrumbé y al hacerlo me zambullí
en los brazos de la tía abuela Teresa. Recuerdo que por un extraño momento vi
en la cámara de mi mente a mi madre con forma de pájaro volando al cielo. Como una
blanca paloma inmaculada. Estas extrañas imágenes contribuían a confundir más y
más a mi atribulado cerebro. Todo en mí se disolvió de pronto, no tuve
conciencia de tener un cuerpo, mis piernas flojas y mi vientre experimentando
la centrifugación de un vacío y un vértigo tremendos, mi mente sin ocupación
alguna y el mundo a mis pies que se abría como el vacío gigante de una abismo.
¿Cómo sería un mundo sin mamá? ¿Cómo sería un mundo con la conciencia de
que ya no estaba mamá? De hecho, hacía casi un año que no la veía y mi padre
tampoco venía demasiado a verme, con lo cual tenerlos o no, era un evento que
para mí ya estaba zanjado: no tenía padres en los hechos, pero sabía sí que
podía contar con ellos allá en la lejanía de la ciudad, de la capital, o al
menos imaginarme que contaba con ellos. Ahora en cambio no sabía que podía
pasar, ni siquiera sabía qué iba a pasar con papá que a todas luces pensaba
vivir muchos años más y a quien empezaba a odiar un poquito y a reclamarle
internamente que se muriera también, como si tuviera la culpa de la muerte de
mi mamá. Lo acusaba de separarme de ella e impedir así que con mi amor y a
fuerza de besos y abrazos la curara. Sí, me decía mi mente, mi papá es un
asesino. Y yo mismo me veía como un santo con poderes sobrenaturales, un
dechado de bondades al lado del maligno, que estaba encarnado por mi papá. Yo
habría podido salvar a mamá con la fuerza que emana de mi corazón, mis manos
habrían emitido un rayo poderoso y curativo que la habría levantado de entre
los muertos y las habría devuelto a la belleza y a la vida. ¡Ay, qué linda era
mi mamá! Y ahora imaginarla devorada por los gusanos. En mi mente le pedía a
los bellos gusanitos —sólo podían ser bellos los gusanitos que devoraran a
mamá— que lo hicieran con delicadeza y cariño. ¡Vaya pedido! Y los imaginaba
como a personajes de unos dibujos animados con caritas rechonchas y sonrisas
diciendo que la carne de mamá era deliciosa y muy sana para sus cuerpecitos.
Esas eran mis maneras de imaginar que mamá contagiaba su dulzura y su riqueza
al mundo, a la naturaleza y a la vida. Era mi manera de encontrarla vinculada a
la vida que yo podía apreciar en todo el alrededor: plantas, ríos, tierra, fango,
mierda de caballo, plantas, frutas, decadencia y vitalidad. Yo había venido a
la vida a convertirme en un observador de la transformación y ahora la vida me
daba el golpe más grande que nadie pueda imaginar. Me arrancaba la más poderosa
y contundente de mis conexiones con todo lo vital: a mi madre.
Sólo
quería ir a verla, aunque estuviera cadáver no me importaba, quería verla, abrazarla,
darle un gran beso. Y mi tía en ese momento no me servía porque se mostraba evasiva,
en realidad no sabía que iba a planificar mi padre y estaba esperando a que él
resolviera. Mi primo Alberto estaba depresivo y mustio y en su cara se
dibujaban sus preocupaciones acerca de la famosa herencia. Unas preocupaciones
que ahora además tenía que disimular porque mi tía le había dicho que no era momento
de aparecerse con esas reclamaciones, que quedaba muy mal y lo hacían aparecer
de una manera que él no era. Él era un hombre muy generoso y lleno de cariño
por los demás, decía mi tía, y era verdad, lo que pasa que el primo no acababa
de entender, siempre según mi tía, los mecanismos de la vida. Yo no acababa de
captar a qué se refería exactamente la tía con esa expresión pero no era algo
que en ese momento me interesara, luego sí empecé a comprenderlo cuando vi que
el primo se desmoronaba por la culpabilidad al corroborar que mamá había muerto.
Si en ese momento le hubiera dicho que se trataba de un asesino, él me habría
dado la razón, aceptando todas sus imaginarias culpas. Andrés Juárez en cambio
estaba en un circunspecto papel secundario. Yo lo miraba con una extraña inseguridad
y respeto hacia su persona. A esta altura no sabía qué pensar. Me amedrentaba
un poco cuál pudiera ser su juicio acerca de mi persona. Me asustaba la
posibilidad de que me hubiera oído decir que era un fantasma y que estaba
muerto. Y al tiempo me aterraba la posibilidad de que pasados unos años
preguntara a mi tía abuela acerca de Juárez y me contestara que de quién
hablaba. Estas posibilidades eran y no eran reales para mí. Todo estaba en
cualquiera de los casos, en la existencia. De modo que cuando empacamos todo
para viajar a la capital y nadie mencionó a Juárez y ni siquiera dijeron que se
quedaría solo a cuidar la casa a mí no me pareció que fuera un detalle
sospechoso sino lo más normal, tratándose él de un fantasma inexistente.
Todo, todo me pesaba enormemente, y trasladar
mis pies caminando era como arrastrar pesados muebles antiguos que se negaban a
ser cambiados de sitio. Mi cuerpo estaba más seco aún, y mi cerebro espeso como
si estuviera lleno de arena. ¿Cómo se puede pensar con el cerebro lleno de
arena? Al volver de la playa hay que lavar el cerebro. A alguien puede
parecerle raro o chistoso pero pensaba este tipo de pensamientos sin rumbo; del
mismo modo que antes me había pasado meses en un bosque interrogativo haciéndome
preguntas y más preguntas. Y justamente creo que aquella larga práctica en preguntármelo
todo, fue lo que me sirvió de preámbulo a este nuevo estado donde aterrizaba sin
más un chiste como para despejar el panorama de agobio y aplastante tristeza.
En los mejores momentos imaginaba a mi mamá
muerta y le juraba con todo mi corazón que sería animoso, bien humorado y feliz
en su nombre. Que ser feliz era lo que ella me había regalado, y eso era lo que
más me levantaba el ánimo y lo que más me estimulaba a seguir por la vida
poniendo un pie delante del otro. Y eso que también había aprendido de ella a
encerrarme en mi habitación y tumbarme en la cama a oscuras, algo que no podía
aguantar durante mucho rato, a diferencia de ella que pasaba días y días a oscuras.
Como niño competía en todas las competencias y esto lo convertía en una
competencia más, pero no era en la que pudiera ganar.
Me resultaba mucho más fácil ser feliz.
domingo, 13 de abril de 2014
Literatura líquida. Novela. Día 24. Entrada 25
Yo no quería que nadie se ocupara de mi bien, no quería en absoluto que
la sombre del bien comenzara a dañarme, ya conocía, desde muy reciente tiempo,
las consecuencias, nefastas en principio para mí, obtenidas por mi papá en su intento
por practicar la bondad. Mientras estaba allí pensando estas cosas, todas las
palabras que mis parientes soltaban se iban vertiendo como plomo fundido en mis
llagas más abiertas.
Mamá, no te mueras.
Eso es lo que me hubiera gustado exclamar, pero tenía que atenazar la
lengua y todo mi interior porque se me hacía que me iba la vida en ayudarlos a
ellos a mantener ese secreto ante mí.
Me puse a llorar desconsolada, interminablemente.
Mi mente se llenó de imágenes horribles de mi mamá muriendo sin mí,
allá sola en la ciudad. La veía en su habitación haciendo girar sus ojos en
círculos sempiternos. Sola y atontada a consecuencia de los medicamentos;
sufriendo pero sin saber en superficie que está sufriendo. Sufriendo en el
fondo pero con una postergación eterna inducida por los medicamentos; me sentía
uno con ella, creía que si me dolía a mí su dolor, ella podría salvarse.
Exclamaba en silencio en mi mente y en mi corazón. “Dios mátame en lugar de a
mamá, llévame contigo”. Quería fundirme en un abrazo con ella y hacerle sentir
mi amor como nunca antes lo hubiera sentido, hacerle sentir mi amor de modo tal
que no pudiera menos que curarse con la descarga monumental de la energía de mi
gigantesco amor.
Entonces, me puse de pie y me alejé de las casas en dirección otra vez
al medio del campo, mi amigo me perseguía, callado e inmutable, ahora se
parecía a la muerte, y llegando al medio de una llanura detrás de un cerro,
abrí los brazos, los extendí al cielo y sentí que de las palmas de mis manos
apuntadas hacia el cielo salía una energía que se conectaba directamente con la
energía poderosa del dios del rayo. Que dios y yo éramos solo uno y que toda la
energía del universo estaba pasando a través de mi cansado, seco y cambiante
cuerpo y que todo el dolor del mundo pasando a través de mi cuerpo subía al
cielo en un intercambio sagrado.
Estaba seguro de que mamá desde su cama sentía le fuerza invencible que
allí se estaba produciendo y que ésta reponía de manera vibrante su salud en todas las venas y en todas las arterias
de su cuerpo.
—Dios, volví a gritar, ahora con toda mi voz, deja que mi mamá viva un
tiempo más.
Entonces la luz del rayo me fulminó con un estampido ensordecedor y caí
desmayado no sé cuánto tiempo, y al caer vi a mi amigo que se fundía con la
oscuridad del horizonte en una nube que se acercaba como un tornado y se lo llevaba,
tragándolo en su remolino con extrema violencia.
Me recogieron un rato más tarde y me llevaron a la casa, mi tía abuela
estaba preocupada por mí. Me cuidaba con mucha aprensión y ansiedad, no era lo
normal en ella, dueña de un pasmoso aplomo. De lo cual se debía suponer que su
preocupación por mi salud y mi vida era intensa y verdadera.
Estuve casi dos semanas en cama. Durante ese tiempo, Teresa y yo nos
hicimos más amigos y llegué a quererla todavía más.
Se sentaba largas horas a la orilla de mi cama y me miraba, oraba, en
otros momentos miraba a la pared absorta y continuaba moviendo los labios. No
sabía yo que se podía llegar a preocupar tanto por mi pequeña persona, y lo
encontraba por momentos excesivo a aquel movimiento de afecto en el
padecimiento. La miraba orar y cansarse
mientras lo hacía y mientras sus ojos se entrecerraban los míos querían acompañarlos,
a veces me daba la impresión de que empezábamos a soñar juntos. Varias veces al
despertar le dije que estaba soñando que volvía a mi vida una serie de personas
que hacía tiempo que no veía y que junto con ellas venía la sombra de un amigo
mío imaginario que ahora se había largado de mi vida, y ella me contestaba que
estaba soñando lo mismo. Yo no me lo podía creer pero por amor aceptaba sus
palabras; luego también me entraba la duda acerca de sus afirmaciones pero
volvía a concederle crédito a sus palabras. Así hasta que un día la vi que
dormida me decía a todo que sí, que ella también, que por supuesto y eso me
enojó mucho, me dio la sensación de que me trataba como a un niño pequeño, y yo
ya no era un niño pequeño, era algo mayor y no me gustaba que me siguieran la
corriente por quedar bien ni que me dieran la razón como a los locos.
Le grité que no me hiciera eso y su respuesta fue abrazarme y
disculparse, y al soltarse y levantarse de la cama con la excusa de que iba al
baño la vi que se secaba las lágrimas.
Narrar es un modo de pensar. Pensamiento narrativo con Héctor D'Alessandro
Narrar es un modo de
pensar, de razonar.
Y sus razonamientos
están estructurados en forma de frases.
En el nivel más
elemental las frases son unidades de sentido que dan forma a imágenes,
sensaciones y audiciones internas del escritor o la escritora.
El resultado final de
todas esas imágenes, sonidos y sensaciones se traducen en frases, de modo que
las frases narrativas son los razonamientos del escritor.
La opción por unas frases
y no otras y su combinatoria constituyen el modo de razonar de cada escritor en
concreto
Hasta ahora, este
proceso se veía desde otras ópticas: estilística, narratología.
Pero, observado y
sobre todo experimentado como razonamientos o pensamientos narrativos, permite
acceder al autor al abc real de su modo especializado de usar el pensamiento,
la prosa y el discurso.
El pensamiento
narrativo es un proceso básico del cerebro, que ordena de este modo la
totalidad de la experiencia perceptiva y representacional.
Por ello, el
pensamiento narrativo está en la base del pensamiento creativo.
Todos los otros modos
de pensamiento, surgen y se basan en este.
Por eso, acceder de nuevo
a este modo de pensamiento, activarlo otra vez como una capacidad real y
primigenia, no solo permite escribir creativamente.
Facilita el que
pensemos pensamientos de mayor calidad y claros, eficaces, diferenciados y excelentes.
Esa misma claridad
permite filtrar todo el material sobrante y por tanto la memoria comienza a trabaja
de nuevo en un nivel de máximo desempeño.
En mi libro “Aprender
es recordar. Una introducción al pensamiento narrativo” despliego y explico las
bases de este pensamiento y cómo se estructura en tu cerebro, quieras o no.
En mis talleres
entreno a tu cerebro para que recupere esta capacidad que te permite estar
creativa en todos los momentos de tu día.
Héctor D’Alessandro
Aproximándome al fin de la novela.
Llevo días, en concreto seis, en que bajé el
ritmo, o mejor sería decir que la novela, desarrollada, me lo ha bajado a mí.
Todo el planteo necesario para llegar a esa escena cumbre que debe haber en
cualquier novela, ya está puesto. Y luego, la bajada final la tengo
completamente en mi imaginación. Las últimas frases del libro las sé de
memoria.
Quizás incluso termine antes del día calculado y ya podré comenzar a releerla con el objetivo de corregirla, recortar, pegar, toda una parte que hace años, antes de aprender coaching, me aburría y que ahora disfruto tanto como del mismo proceso de escritura.
La librería cerrará el día 18, que aprovecharé a tomármelo de descanso y el 19 concluiré.
Es decir que en los
seis días que quedan se escribirán entre unas treinta y cincuenta páginas que
nos llevarán directamente a la llanura donde pace la palabra FIN.
viernes, 11 de abril de 2014
Literatura líquida Novela. Día 22 Entrada 23.
Lo único que animaba mis expectativas de cambio
era la presencia de mi amigo oscuro. Pensaba que con él a mi lado aunque mis
familiares y mi amigo Juárez se entregaran a disputas o a otros menesteres
polémicos yo al menos podría divertirme y no descartaba en absoluto la
posibilidad de que mi amigo de oscura sotana me hiciera reír con algunas de sus
trampas para adultos, cambiando de lugar el sombrero de Juárez, cambiándole de
hornalla la sartén a la tía, haciéndole bailar en la oscuridad su traje claro
al primo Alberto.
Sólo deseaba que por Dios pasara alguna cosa
que alterara nuestras vidas, puesto que me encontraba como en un larguísimo
impasse del que quería salir y no sabía a esta altura cómo hacerlo. Iba a un
lado y otro con mi amigo y al mismo tiempo deseaba que mi tía, a quien
consideraba el puntal de mi nueva familia, saliera de la obsesión en que estaba
metido con problemas de herencias con mi primo segundo, deseaba que saliera de
ese estado de preocupación constante y me hiciera más caso. Al darme cuenta de
que le exigía nada menos que esto, me di cuenta también que la consideraba poco
menos que sobre humana, alguien que estaba a un nivel por encima de los demás,
y que podía decretar desde su corazón y su mente opiniones tan contundentes que
a los demás no les quedaría sino obedecer o aceptar sus interpretaciones.
Probablemente la consideraba de aquella manera porque necesitaba en ese momento
a alguien muy fuerte que me respaldara y sin embargo estaba solo una vez más,
acompañado de mis amigos imaginarios, bueno, en realidad, de mi único amigo
imaginario desde hacía un tiempo a esta parte. Un amigo extraño y patoso, se
caía y se le rompía un brazo o se lo arrancaba intentando abrir la puerta de un
coche en marcha y se lo volvía a pegar como si fuera goma. ¿Qué quería decir
con este lenguaje en escenas? ¿Me hablaba quizás de la posibilidad de reírnos
de los cambios dramáticos? Cuando me estoy poniendo muy loquito se me ocurren
este tipo de ideas.
Con mi madre enferma y mi padre autista
comunicacional sólo me quedaban mis parientes del campo como apoyo y estímulo,
si ellos se vuelven locos también y se entreveran en una trifulca emocional sin
sentido, yo me encuentro de veras perdido. Al comienzo me rescató mi amigo de
ese caos, que es al tiempo una caída, y luego mi tía salió al fin de la
absorción total en la pelea que dirimía en lenguaje cifrado con mi primo y
pareció retomar cierto interés en mi persona ya no tan pequeña; persona que
comenzaba a crecer, de a poquito pero sin pausa. Y mientras yo pegaba ese
estirón ella intentaba mantenerme alejado de una discusión que mantenía con mi
primo segundo, seguramente por temas de herencia ya antiguos en la familia pero
que ellos no acababan de soltar como si se tratara de un remordimiento.
—Tú no te preocupes, los niños han de
permanecer ajenos a estas cosas y no deben afectarte, y si tú ves que yo dejo
de hacerte caso, me lo dices y lo solucionamos. Pero cuando tú me veas amargada
o triste, es algo momentáneo y exclusivamente mío, tienes que saber que nada
tiene que ver contigo y esos asuntos en nada van a cambiar el cariño que aquí
recibes. Incluso del primo, quien, aparte de estar momentáneamente con un humor
desagradable, siempre te quiere. El señor Andrés también te quiere. No olvides
que estás rodeado de amor por todas partes.
—Pero el señor Andrés es un espectro, ¿cómo me
va a querer?
—Con mayor razón, él te quiere para siempre, no
puede alterar su emoción, se quedó fijado.
—No lo había pensado.
—Pero es así.
Cuando Andrés se presentaba nosotros seguíamos
con nuestro juego y el no se daba cuenta de nada.
De lo único de lo que no me daba noticias mi
tía era sobre mis padres. Ninguna novedad acerca de la actualidad o caducidad
de sus afectos.
Me sentí, durante muchos meses, seco por dentro,
cómo si la carne de mis músculos quisiera acabarse y utilizara para hacerlo la
deshidratación sin motivo. Cuando lo consultaba con mi tía y luego lo consultábamos
con el médico, a quien tardábamos tres horas en ir a visitar, la respuesta era
siempre la misma. Que el niño no tiene nada. Que todo es mental. Aquella
sequedad, sin embargo, me estaba señalando un cambio raro que se estaba
produciendo en mí. De noche no me cabían los huesos de las piernas dentro de
las vainas de los músculos. Se convertían éstos en unas medias muy apretadas
que ya no contenían a los huesos y parecía por momentos que se iban a romper
con la misma facilidad con se rasga un calcetín. En mi mente, la sensación era
de que yo ya no cabía en mí mismo, en cierto modo, no me soportaba, estaba
asqueado y harto de dar vueltas sin rumbo, lo que hacía un par de semanas me
parecía lo más adecuado para mi existencia, ahora resultaba un estorbo molesto
en mi ánimo y en mi cuerpo, fue en esa época en que comencé a sentirme rebelde
y enojado la mayor parte del tiempo, amargado era la palabra más adecuada para
definir mi estado habitual de ánimo, y ese estado además me disgustaba en sí
mismo porque me quería deshacer del mismo y fracasaba consuetudinariamente. Parecía
que estaba poseído por ideas de decadencia, de fin del mundo pero al tiempo no
las quería dejar tomar posesión de mi cuerpo y de mi alma. Todo lo de esa época
me asqueaba y me quería rebelar contra la tía abuela, pero no podía puesto que
ella no era suficientemente fuerte para servirme de sparring ante mi situación.
Necesitaba algo o alguien más contundente, alguien contra quien rebotar con
fuerza y caerme sabiendo que la caída propinada estaba llena de amor y comprensión.
Ataqué a mi amigo imaginario y se apartó de inmediato riendo.
Comienzas a comprender la esencia del cambio,
me dijo.
PROGRAMA de CONTENIDOS del TALLER INTENSIVO de COACHING para ESCRIBIR
Coaching para escribir con Héctor D’Alessandro
(Taller INTENSIVO 26 de abril de 2014- Centro Recreativo Xalapeño)
(Taller INTENSIVO 26 de abril de 2014- Centro Recreativo Xalapeño)
1.
Lectura de
textos de escritores consagrados y de los alumnos.
2.
Detección
del modo “natural” de lectura de los alumnos.
3.
Entrenamiento
en modos alternativos de lectura.
a.
Tal y como
lee el ojo.
b.
Desestucturando
la percepción. Fragmentaremos la lectura para que el ojo y el cerebro empiecen
a desenfocar los modos de lectura que los alumnos traen automatizados.
c.
De qué
manera el cerebro “filtra” el fraseo y esto determina el modo de pensar y de
ordenar el discurso escrito y el oral. De todo lo que el cerebro produce qué
llega finalmente a expresarse.
d.
Cómo el
cerebro utiliza para enmarcar, ordenar y codificar la experiencia de producir
discurso oral y textual (Aprenderemos a identificar los principales “metaprogramas”
que utiliza el sistema nervioso para ordenar toda la experiencia y en concreto
la de producción de discurso oral o textual.)
(Este apartado “d”
tiene dos dimensiones bien importantes: una de orden discursivo y otra de orden
neurofisiológico. En el orden discursivo se aprenderá a identificar
determinados contenidos verbales que estructuran el discurso. Palabras que
emergen de metaprogramas inconscientes. Y en el orden neurofisiológico
aprenderemos los llamados “accesos oculares”. Una herramienta muy útil para
saber “dónde está” el otro a nivel creativo y “dónde estoy yo” a nivel
creativo.)
4.
Niveles
neurológicos. La gran herramienta de la PNL para entender cómo hace el cerebro
para ordenar de un modo eficaz cualquier discurso oral o escrito, con
independencia del género.
5.
Modelo
P.L.I.C.A. o también conocido como modelo de personas, lugares, informaciones,
cosas y lugares. Un modelo que reúne cinco metaprogramas que son determinantes
en la construcción de cualquier discurso y de cualquier estrategia perceptiva.
Aquí se puede comprender de qué modo la escritura o el uso oral del discurso es
un modo de conocimiento, una auténtica epistemología personal. Y cómo la
utilizamos de modo inconsciente para dar el salto a una utilización consciente
y por lo tanto más eficaz.
6.
Lectura
corporal desde el punto de vista neurofisiológico. A qué atender para
comprender si uno está o no en estado de excelencia creativa. Cómo volver a él.
7.
La
respiración en el estado de excelencia. Cómo usar la respiración para ir hacia
ese estado.
8.
La
postura. Las estrategias Disney de acceso a la creatividad, a la dimensión
crítica y a la dimensión proactiva de puesta en marcha.
9.
Activar y
vivenciar por parte del alumno su estado de excelencia con el propósito de
grabarlo a nivel neurofisiológico y poder acceder a voluntad al mismo.
10.
Indagación
al comienzo del curso y al final del estado personal de atención, concentración
y memorización y afianzar al final los recursos adquiridos para mejorar estos
tres elementos. Chequeo final.
Etiquetas:
Héctor D'Alessandro,
Literatura líquida,
Xalapa
jueves, 10 de abril de 2014
Literatura líquida. Novela. Día 21. Entrada 22.
¿Sería acaso ese modo de vida el que le
permitía casi adivinar lo que yo estaba pensando? Así fue, con esa pregunta,
que me metí de nuevo en la interacción con mis parientes. ¿Cómo puedo hacer tía
Teresa para saber lo que otras personas están pensando?
—
Sabiendo
con honestidad lo que estás pensando tú.
—
Y ¿cómo
voy a hacer para no saber lo que pienso?
—
Teniendo
miedo a tus propios pensamientos.
—
¿Andrés
Juárez le tiene miedo a sus pensamientos?
—
No.
—
El primo
Alberto sí, ¿verdad?
—
No está en
mí la voluntad de afirmarlo porque entonces sólo veré eso en él, pero puedo
saberlo para perdonarme por haber optado por ver eso y solo eso.
—
Y si yo tengo un gran temor ¿cómo sabré que
empiezo a no ver todo lo que puedo ver?
—
Porque en
lugar de ver lo que hay ahí fuera, permanecerás más tiempo mirando fotos fijas
en tu mente de todo lo que temes y ni siquiera existe.
Así fue que volví a mirar todo con mi ojo derecho, para ver cómo se
desarrollaban las cosas antes que verlas fijas, y cada vez que me desviaba de
mi intención, rectificaba mi visión de inmediato. Así fue que empecé a ver a mi
primo Alberto con los ojos de la comprensión. Estábamos sentados a la mesa del
desayuno cuando percibí que se encontraba apenado y que no quería dejar que el
río de la pena se desbordara y causara una inundación en la cocina o en nuestra
vida. Le dije: “Tú tienes pena, primito, y no quieres sentirla”. Él me dijo que
tenía razón pero que era muy difícil su vida ahora como resolverla. Cuando dijo
eso tuve la sensación de que se incrementaba en él un cierto olor agrio y
desagradable, un olor que lo acercaba a la decadencia y a la muerte.
Esa noche soñé que caminaba por una bóveda
oscura de la cual no se conocía la salida y a cierta altura empecé a sentir una
sombra conocida que andaba a mi lado. Un humor de aquella sombra me llegaba
hasta mí como una vibración que me tocaba y me atravesaba con sensaciones
familiares.
Me desperté y me vino a la mente la imagen de
mi tía abuela, pero ella no me resultó una fuente de preocupación, luego me
vino a la mente Andrés Juárez montado en su caballo, y él tampoco corría
peligro alguno, por último apareció Alberto y él continuaba allí moviéndose en
su mundo nebuloso de inestabilidad pero no me transmitía ninguna sensación de
inquietud o temor por su estado general o su situación.
Me dormí y volví a despertarme varias veces en
la noche y me levanté totalmente extenuado, como si hubiera estado practicando
algún tipo agotador de deporte en sueños.
Esa mañana me fui temprano al campo, entraba en
el paisaje como quien se pone un traje conocido, así cada día de todos aquellos
meses, casi un año. Me detuve sólo mucho rato luego de caminar y caminar
intentando comprender el origen de mi desasosiego. Y al detenerme después de
tanto rato tuve la sensación de que me detenía luego de todos aquellos meses
deambulando en un bosque de interrogantes; aquel alto en el camino me produjo
la conciencia densa de que un inmenso cansancio empezaba a desatarse en mi
cuerpo. Como si una máquina grande hubiera parado de pronto en su gigantesco
funcionamiento. Todo el cansancio del mundo cayó sobre mi y atravesó en cascada
todos mis músculos.
Caí al suelo de rodillas y luego me dejé ir de
bruces, y tal como caí, allí me quedé esperando a que algo extraño pasara. Pero
nada pasó que no conociera, entorné los ojos como si fuera a vencerme el enorme
sueño, di una cabezada y al cerrar los ojos por unos cuantos segundos que
parecieron una auténtica eternidad soñé con algo que inmediatamente después
olvidé, de modo que al despertar no pude saber si estaba o no relacionado con
la aparición delante de mi pequeña persona de mi amigo oscuro e imaginario,
quien se ve que al fin pudo sintonizar conmigo otra vez, con su larga sotana
negra y su torpeza al caminar, en cierto momento se le cayó un dedo, que, ni
corto ni perezoso, se agachó y se instaló de nuevo en su sitio.
—
¿Al fin
pudimos sintonizarnos? Costó hacerlo aquí.
—
No era por
el espacio, era el tiempo.
Luego
calló la boca y sólo se deslizó a mi lado como permanente compañero, como loro
metafísico posado en mi hombro. Su antigua posición.
Recorrí el campo en su compañía aquel día y
sentí renacer en mi cuerpo la seguridad y la certeza, acabaron las constantes
preguntas que en su mayor parte guiaban mis pasos pero que en términos
generales me mantenían aprisionado.
Y al llegar a casa, como si todos supieran que
yo volvía a contar con mi amigo para apoyarme en él, parecían estar
revolucionados después de tantos y tantos meses viviendo como en una especie de
sopor o alucinación extraña y quizás en el silencio respecto de la vida que a
mí desde lejos me influía, la vida de mis papás. Alberto estaba inquieto y golpeaba
con el puño en la mesa. Parecía querer refrendar alguna cosa, afianzarse, pero
no lo conseguía. En principio parecían hablar de alguna herencia o de algo
relacionado con una herencia. Eso me asustó y le supuse cierta crueldad al
primo porque pensé que le estaba pidiendo a la tía que regularizara su
situación testamentaria. Todos vamos a morir pero a todos nos gusta vivir de
espaldas a la muerte, como si fuéramos inmortales. Me callé la boca y me hice
el distraído porque sospeché que no era un momento adecuado ni la situación
para expresar curiosidad y menos disconformidad con cualquiera de las opiniones
que llegara a escuchar. No se trata de que me adelantara a ninguna de las
frases que ellos iban pronunciando sino de que estuviera en silencio y en una
actitud vagamente aprobatoria; claro que la presencia de mi amigo era por
momentos incómoda para mí porque tenía la sensación de que él se burlaba de
todo lo que allí se conversaba.
No era la típica situación llamada “el niño no
se tiene que meter en las cosas de los adultos” sino algo quizás un poco más difícil
de comprender porque el niño no podía meterse pero los adultos no estaban
dispuestos a revelar demasiado; aminoraban la aceleración de sus palabras a
medida que se acercaban a zonas al parecer peligrosas o evitables de la
conversación. Hacían circunloquios y emitían extrañas exclamaciones parecidas a
sonidos guturales, con las que me daba la impresión que intentaban opacar
algunos contenidos del diálogo, desviar mi atención de los mismos o lisa y
llanamente anular mi capacidad de comprender el tema del que hablaban.
La ausencia, seguro que sólo momentánea, de
Juárez, se debía con la misma garantía de seguridad a que él no podía escuchar
aquella conversación. Y como el capataz era omnisciente seguro que ya se había percatado
de que no podía estar presente durante la escena; por lo cual seguro estaba un
paso por detrás de la acción principal vaya uno a saber dónde demonios, detrás
de qué bambalina.
Por primera vez en mucho tiempo, tenía la
sensación de estar en mi casa nuevamente; y debido a que se estaba evitando que
yo captara una información que se estaba debatiendo ante mis ojos. Eso no se
hacía aquí en casa de la tía abuela Teresa; hasta hoy. Yo me perdía en la
mirada de uno y en la del otro buscando respuestas pero ellos estaban absortos
el uno en el otro, en lo que preguntaría en la siguiente intervención, en lo
que le respondería a su vez en la siguiente intervención. Se encontraban algo
fanatizados u obsesivos.
Volvía a sentirme abandonado por los adultos,
encerrado en mi jaula de silencio, no podía esperar de ellos atención y en el
momento en que esto me sucedía venía mi negro amigo a visitarme. No podía
esperar nada nuevo de lo que viniera a continuación, ya estaba viendo que se
volvía a configurar la vida monótona de siempre. Yo afuera del circuito de la
comunicación; extraño a todo. Me sentía mareado y confuso. No quería volver a
aquello.
El Maestro de Ceremonias del Imperio del Extremo.
Había en la Segunda
época un Maestro de Ceremonias del Imperio del Centro que veneraba a un Maestro
de Ceremonias del Imperio del Extremo, que además de maestro de las labores de
su profesión, era experto también en gastronomía. Era muy alabado por el del Centro, en la
lejanía.
Recibió tantos halagos, que creyó en sus
sinceras palabras y se trasladó a visitarlo.
Al llegar se encontró con que el maestro de
Ceremonias del imperio del centro tenía una esposa fea y jorobada y el
emperador le hacía lamer muchos culos, de tal manera que su aliento apestaba.
De vez en cuando le dejaban quejarse y decir que pobrecito de él, que qué
maltratado estaba, y él, como era una víctima por naturaleza, aceptaba el papel
y decía: "me tienen el último pero yo sigo aquí destilando mi sabiduría
que nadie valora". Oscilaba entre los extremos de egotismo y lo de
depresiva soledad masoquista. En esos momentos era cuando su esposa se decidía
a ponerle los cuernos, pero luego nunca se atrevía, porque era una señora
sensata que sabía que de ese modo no obtenía satisfacción sino un autocastigo
aún peor.
Cuando el Maestro del Extremo llegó al
Centro, se encontró con que su alabador lejano lo dejó al cuidado de su fea
esposa, y esta lo presentó como experto en gastronomía. Era verdad que era
gastronomía imperial, pero no era el conjunto de saberes que correspondían a su
grado protocolario.
Pasaban los días, llegó a estar ante el
mismo emperador y cayó en la cuenta de que en el Imperio del Centro, por obra de la
estrategia sucia de su amigo, era sólo un gastrónomo. Eso, no se hacía ni
siquiera en las provincias lejanas y decadentes de la gente con color de
enfermedad, donde daba clases un tal Sócrates y otra serie de bisexuales.
Reclamó a la bruja la presencia de su
marido, pero aquel hombre aterrado por sus fantasmas escondido detrás de su
mujer se negaba a dar la cara. Azuzaba a la brujita con delirios, ellos eran
muy poderosos, en su imaginación. El maestro del Extremo debía agradecerles y
otras sandeces. Sólo enviaba señales
desde la montaña en la casa donde se encontraba escondido con humos de
diferentes colores.
El Maestro del Imperio del extremo se reunió
en la posada imperial correspondiente a los cocineros con su hija y se dolió de
la miserable actitud de los hombres cuando los ataca el miedo.
Eso solo durante el rato necesario para recuperar
el ánimo. Pero su hija lo convocó a preparar una gran comida, como las que él
sabía hacer y que una vez la gente reunida para la bacanal alimentaria
simplemente empezara a dar uno de sus discursos. Que sólo con eso alcanzaría. Y
así los hizo el avezado político que era el Maestro del Extremo, que se durmió
luego de tomar tisana para el hígado, para evitar que la rabia hiciera su labor
de zapa. Y riendo con bromas que ahora se abrían paso en su mente.
Héctor D’Alessandro
(En los descansos y para mantener fresca a mi mente escribo ocurrencias en otros registros.)
miércoles, 9 de abril de 2014
Literatura líquida. Novela. Día 20. Entrada 22
¿Estaba retornando al hogar o estaba entrando
en un camino que me conduciría a cualquier lugar del universo? ¿Cómo sé que
cuando recorro un camino es el camino que me toca recorrer? ¿Es el verde que me
conduce a casa el mismo que me alerta del tipo de mensajes que recibiré ese
día? ¿Cuántas modalidades del verde podré llegar a captar y por ende cuántas
modalidades de mensajes recibiré? ¿Es la tía abuela aquel bulto marrón y gris
que se acerca por el camino? ¿Cuántas y cuántas veces he llegado a verla, una y
otra vez, para sentir esa agradable sensación en el pecho y en el corazón de
que estaba en mi casa? ¿Ella sentirá mi gratitud cada vez que arribo a la casa
y la abrazo y la beso y de ese modo le transmito mi cariño? ¿En qué estaría pensando
cada vez que yo llegaba? ¿En qué estaría pensando cada vez que al verla me
agitaba por legar un segundo antes y tenderle los brazos? ¿Cómo volver a ese
momento en que estaba pensando quién sabe qué y descubrir, sin inventármelo,
cuál era ese pensamiento con exactitud? ¿Inventármelo? ¿Quiero recuperar
exactamente ese micro segundo en el que soy eso que pienso y nada más que eso?
¿Quizás a partir de allí pueda recuperar la clave sobre cómo creo los hechos
subsiguientes? ¿Podré alcanzar ese instante?
¿Cuál es el motivo de que tras muchas ocasiones en que lo intenté fracasé? ¿La
fugacidad de ese momento? ¿El fulminante golpe emocional que te aboca a ese
momento de revelación es de tan vasta amplitud y profundidad que luego no sabes
ni puedes saber nada acerca de la transición entre uno y otro momento? ¿Cómo
puedes vivir, abuelita, con un fantasma? ¿Es divertido? ¿Su amor es
incondicional? ¿Solo de un espectro es posible recibir un amor de los llamados
incondicionales? ¿Los seres humanos no están preparados para esa meta inhumana?
¿Qué la larga práctica religiosa y espiritual la llevaron a ello? ¿Qué el
conocimiento y la experiencia interior de dios conduce a descartar ese amor
para una existencia meramente humana? ¿Qué eso la traspuso del plano de la
experiencia espiritual al plano de la existencia espiritual?
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