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domingo, 20 de septiembre de 2015

El chupaconchas. Héctor D'Alessandro

Fragmento de El chupaconchas, de Héctor D’Alessandro
   ¡Oh! ¡Dioses de la normalidad y el juego nocturno! Gracias, porque luego pondrían en mi camino a la enfermera Irma, que se teñía el pelo y hablaba palabras vulgares que yo no escuchaba y que eliminaba de mi visión nocturna. Enfermera que cumplió un destino informativo en el “dramatis personae” de Héctor, suerte de bruja simpática apostada a un lado de mi personal movie road para decirme que ella había trabajado muchos años como ayudante de quirófano, al lado mismo de ríos de sangre, y que muchos años antes, al comienzo de su carrera como enfermera, había tenido durante una operación de oído  –¡préstenme su oído durante un modélico ratito, ejemplo y númen de todos los momentos de escucha de elevada refinación!– le había sobrevenido durante aquella dicha operación un orgasmo de vasto alcance neurofisiológico, el riñón de losa donde se recogía cualquier líquido o sólido procedente del oído operado tembló de un modo que hizo girar fugazmente la mirada a la casi totalidad del equipo médico interviniente para observar el estado laboral de la enfermera Irma. Enfermera que declara a este escritor una vivencia cumbre que a decir verdad el propio William James la habría incluido dentro de la gama de experiencias cumbres de carácter religioso. ¿Qué digo, James? El mismísimo Gopi Krisnha la habría llamado a la enfermera Irma, jubilada del benévolo estado uruguayo con buenas cifras, para que brindara testimonio de su sabiduría orgásmica en su centro de la India.  Dice la enfermera Irma de pelo teñido de rubio de la marca Loreal que tuvo un orgasmo que le nació en las propias meninges al mismo tiempo que en el propio centro del cuerpo en la zona pélvica a la altura del chakra dos y que desatándose como terremoto de uso local confluyó al mismo tiempo en varias zonas de su cuerpo induciéndole un estado de confusión física con diferentes epicentros de placer así como diferentes zonas corporales donde el placer adoptando la forma de un vibrante cosquilleo barrió espacios donde indudablemente según declara la enfermera Irma tenía algún tipo de bloqueo o tensión que, aligerados por el orgasmo cosmológico al que estaba sometida en aquel trance, se disolvieron como por un ensalmo y ya nunca volvieron a molestarle o agriarle la vida y en un instante fue como si el propio arcángel acupuntor la lanceara con sus herramientas de limpieza espiritual y barriera de su vida años y años de tensión física y desuso corporal, volviéndola a la vida con un espasmo y un grito de alegría que muy por el contrario al famoso “no li me tangere” crístico, se vio sustituido por un “touch me, touch me” que brotaba directamente de su mirada algo descentrada pero babeante y dulce.
   “Si, querido Héctor, la sangre, su presencia, su cercanía, su aroma, su visión puede transportarte a océanos infinitos de visión interna guardada divinamente en la memoria celular y puede asimismo activar las más escondidas fuerzas adormecidas. Nunca he vuelto a tener un orgasmo como aquel pero aquel fue el padre de todos mis futuros orgasmos”.
   “La sangre evoca el dolor, el placer, la muerte, el orgasmo, la visión y la vida continua y eterna”.
   ¡Oh Dioses del dolor y del placer, de la sangre, de la muerte y el orgasmo, de la visión y de la vida contínua y eterna! ¡Oh Dioses del Olor!

sábado, 11 de abril de 2015

"Los ojos de mi madre" en la Librería RAYUELA




                                            En las fotos con Aydee Mora Perdomo, propietaria de la librería, y con Elizabeth Bonilla Barroso y Julian Campos, miembros del equipo de Rayuela, que en todo momento me apoyaron durante la performance. Mi eterna gratitud.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Compra la novela "Los ojos de mi madre" en Amazon

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miércoles, 18 de junio de 2014

Héctor D'Alessandro, escritor y coach

Héctor D'Alessandro es escritor y coach en PNL y en coaching sistémico. 
 Es el primer escritor que escribió la vida de una madame y prostituta, "Naná" en 1991, Montevideo, Uruguay.
 En el mismo año se convierte asimismo en el primer autor del continente que escribe y publica un libro biográfico (una historia de vida) sobre una prostituta menor de edad: "Flavia: mil historias"; un libro con una perspectiva sociológica y sociosemiótica. 
 Citado en la enciclopedia Greenwod como el primer autor de todo el continente que se interesa y escribe sobre personas alternativas y de opciones sexuales alternativas. 
  Es el autor de la primera biografía novelada sobre la vida de un Pae de Umbanda (la santeria del Uruguay) que también es transexual. "Las vidas de Miguela", Montevideo 1992. 
  Es el primer autor que escribe en español una narración y ensayo sobre el I'Ching y esta se publica en KIER, Buenos Aires, 1986.   (Este relato-ensayo figura en la antología “El cucaracho y otras aventuras, 2012. EyC, Puebla, México.)
  En 1987 gana el concurso de relatos universitarios de la FEUU, preside el jurado Eduardo Galeano y su relato “El lado de acá” es considerado por el jurado “lo más fuerte que han leído en años y que se ha presentado al concurso”.
  Es el ganador del primer premio en español del KOSMOPOLIS del CCCB de Barcelona, en 2006 con su relato "El perro que fuma".
   Participa como ganador en la antología mexicana "Voces con vida" en 2008 y en esa antología es donde el crítico mexicano Bernardo Ruiz lo incluye como un autor dotado de gran plasticidad y originalidad imaginativa y el escritor sueco chileno Víctor Aquiles Jiménez lo considera uno más de los autores que dominan las nuevas tecnologías y que considera que dominarán el panorama de la lengua española en las siguientes décadas.
  La doctora Susana Arroyo-Furphy considera el libro en el que figura H.D. una joya que formará parte de las letras hispanoamericanas y de la literatura universal.
  El relato de D’Alessandro en esta antología es “Un hombre encuentra una novela en el metro de Paris”.    
  Como videoblogger ubica sus cursos de narrativa  y su relato "El cucaracho" en un nivel elevado de visionados y audiciones y obtiene un premio en la Radio Silenci de Catalunya.
 Se traduce al sloveno y se incluye en una antología de los nuevos autores latinoamericanos que triunfan con nuevas tecnologías en internet.
 Se transmite el cuento  en un pequeño radioteatro en la Radio Universidad de Lubliajna, Slovenia.
 Se publica en Puebla, México. Ediciones de Educación y Cultura: "El cucaracho y otras aventuras", una antología de treinta años de relatos de Héctor D’Alessandro, compilados por Marco Tulio Aguilera.
   Como coach es el autor del primer libro de PNL dedicado al coaching para escribir en lengua española. "Coaching para escribir con PNL" y en "Aprender es recordar" formula su teoría del funcionamiento cerebral para el área de la escritura creativa.
  Es el primer coach del mundo que posa desnudo en una de sus publicidades: "¿Qué es lo primero que le miras a un coach de PNL?"
  Es el primer escritor en la historia que escribe una novela ante cámaras y se transmite el evento día a día online. Esto lo hace en la ciudad de Xalapa, México, en 2014. El libro en papel se titulará "Los ojos de mi madre".
  Presenta el Cucaracho en Xalapa, y es considerado un nuevo referente cultural, entre los ya existentes, de la ciudad.
 En la misma ciudad de Xalapa da talleres de PNL y de coaching sistémico,
 y su curso estrella "Coaching para escribir tu obra" en el Instituto Universitario REALIA.

domingo, 25 de mayo de 2014

Homenaje a Gabriel García Márquez. intervención de Héctor D'Alessandro e...


Muchos años después, frente al Dios de todo lo que es, el escritor colombiano 
Gabriel García Márquez, recordaría la tarde remota en que su amigo Álvaro Mutis 
lo llevó a conocer Xalapa. 

martes, 15 de abril de 2014

Con Excelentísimo Sr. Presidente del Ayuntamiento Libre de Xalapa

Con el Excelentísimo Sr. Presidente del Municipio Libre de Xalapa, Américo Zúñiga.
¡Gracias Sr. Presidente por su extraordinario, amable y generoso apoyo a mis proyectos!
Y muchas gracias por su bienvenida a esta tierra maravillosa de Xalapa.

Aprender es recordar. Una introducción al pensamiento narrativo. En AMAZON

Narrar es un modo de pensar, de razonar. 
Y sus razonamientos están estructurados en forma de frases.
En el nivel más elemental las frases son unidades de sentido que dan forma a imágenes, sensaciones y audiciones internas del escritor o la escritora.
El resultado final de todas esas imágenes, sonidos y sensaciones se traducen en frases, de modo que las frases narrativas son los razonamientos del escritor.
La opción por unas frases y no otras y su combinatoria constituyen elmodo de razonar de cada escritor en concreto
Hasta ahora, este proceso se veía desde otras ópticas: estilística, narratología.
Pero, observado y sobre todo experimentado como razonamientos o pensamientos narrativos, permite acceder al autor al abc real de su modo especializado de usar el pensamiento, la prosa y el discurso.
El pensamiento narrativo es un proceso básico del cerebro, que ordena de este modo la totalidad de la experiencia perceptiva y representacional.
Por ello, el pensamiento narrativo está en la base del pensamiento creativo.
Todos los otros modos de pensamiento, surgen y se basan en este.
Por eso, acceder de nuevo a este modo de pensamiento, activarlo otra vez como una capacidad real y primigenia, no solo permite escribir creativamente.
Facilita el que pensemos pensamientos de mayor calidad y claros, eficaces, diferenciados y excelentes.
Esa misma claridad permite filtrar todo el material sobrante y por tanto la memoria comienza a trabaja de nuevo en un nivel de máximo desempeño.
En mi libro “Aprender es recordar. Una introducción al pensamiento narrativo” despliego y explico las bases de este pensamiento y cómo se estructura en tu cerebro, quieras o no.
En mis talleres entreno a tu cerebro para que recupere esta capacidad que te permite estar creativa en todos los momentos de tu día.

Héctor D’Alessandro
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Entrevista con Héctor D'Alessandro Sala, escritor uruguayo. 14-IV-2014

lunes, 14 de abril de 2014

Literatura líquida Novela. Día 25. Entrada 26.

Aquellas lágrimas me devolvían cada poco tiempo al ciclo de permanente duda en que vivía por esos días. Me desorientaban por completo y me ponían en una situación emocional insoportable porque no sabía a qué atenerme, yo preguntaba de continuo si estaba pasando algo que debiera saber y nadie me acababa de responder.
De modo que sólo pude responder que deberían habérmelo dicho antes y que no estaba bien que estuviera tan alejado de mi madre el día en que la tía abuela me agarró por los mofletes y mirándome directo a los ojos me dijo.
—     Escúchame bien, tengo que decirte algo. Tu mamá se fue al cielo.
              En el momento en que me lo dijo me quedé inmediatamente mudo y no supe realmente qué responder. Un sinfín de imágenes superpuestas las unas a las otras pasó por mi mente en fracción de segundos y mis ojos se congestionaron hasta que las lágrimas se abrieron paso, me derrumbé y al hacerlo me zambullí en los brazos de la tía abuela Teresa. Recuerdo que por un extraño momento vi en la cámara de mi mente a mi madre con forma de pájaro volando al cielo. Como una blanca paloma inmaculada. Estas extrañas imágenes contribuían a confundir más y más a mi atribulado cerebro. Todo en mí se disolvió de pronto, no tuve conciencia de tener un cuerpo, mis piernas flojas y mi vientre experimentando la centrifugación de un vacío y un vértigo tremendos, mi mente sin ocupación alguna y el mundo a mis pies que se abría como el vacío gigante de una abismo.
            ¿Cómo sería un mundo sin mamá? ¿Cómo sería un mundo con la conciencia de que ya no estaba mamá? De hecho, hacía casi un año que no la veía y mi padre tampoco venía demasiado a verme, con lo cual tenerlos o no, era un evento que para mí ya estaba zanjado: no tenía padres en los hechos, pero sabía sí que podía contar con ellos allá en la lejanía de la ciudad, de la capital, o al menos imaginarme que contaba con ellos. Ahora en cambio no sabía que podía pasar, ni siquiera sabía qué iba a pasar con papá que a todas luces pensaba vivir muchos años más y a quien empezaba a odiar un poquito y a reclamarle internamente que se muriera también, como si tuviera la culpa de la muerte de mi mamá. Lo acusaba de separarme de ella e impedir así que con mi amor y a fuerza de besos y abrazos la curara. Sí, me decía mi mente, mi papá es un asesino. Y yo mismo me veía como un santo con poderes sobrenaturales, un dechado de bondades al lado del maligno, que estaba encarnado por mi papá. Yo habría podido salvar a mamá con la fuerza que emana de mi corazón, mis manos habrían emitido un rayo poderoso y curativo que la habría levantado de entre los muertos y las habría devuelto a la belleza y a la vida. ¡Ay, qué linda era mi mamá! Y ahora imaginarla devorada por los gusanos. En mi mente le pedía a los bellos gusanitos —sólo podían ser bellos los gusanitos que devoraran a mamá— que lo hicieran con delicadeza y cariño. ¡Vaya pedido! Y los imaginaba como a personajes de unos dibujos animados con caritas rechonchas y sonrisas diciendo que la carne de mamá era deliciosa y muy sana para sus cuerpecitos. Esas eran mis maneras de imaginar que mamá contagiaba su dulzura y su riqueza al mundo, a la naturaleza y a la vida. Era mi manera de encontrarla vinculada a la vida que yo podía apreciar en todo el alrededor: plantas, ríos, tierra, fango, mierda de caballo, plantas, frutas, decadencia y vitalidad. Yo había venido a la vida a convertirme en un observador de la transformación y ahora la vida me daba el golpe más grande que nadie pueda imaginar. Me arrancaba la más poderosa y contundente de mis conexiones con todo lo vital: a mi madre.
 Sólo quería ir a verla, aunque estuviera cadáver no me importaba, quería verla, abrazarla, darle un gran beso. Y mi tía en ese momento no me servía porque se mostraba evasiva, en realidad no sabía que iba a planificar mi padre y estaba esperando a que él resolviera. Mi primo Alberto estaba depresivo y mustio y en su cara se dibujaban sus preocupaciones acerca de la famosa herencia. Unas preocupaciones que ahora además tenía que disimular porque mi tía le había dicho que no era momento de aparecerse con esas reclamaciones, que quedaba muy mal y lo hacían aparecer de una manera que él no era. Él era un hombre muy generoso y lleno de cariño por los demás, decía mi tía, y era verdad, lo que pasa que el primo no acababa de entender, siempre según mi tía, los mecanismos de la vida. Yo no acababa de captar a qué se refería exactamente la tía con esa expresión pero no era algo que en ese momento me interesara, luego sí empecé a comprenderlo cuando vi que el primo se desmoronaba por la culpabilidad al corroborar que mamá había muerto. Si en ese momento le hubiera dicho que se trataba de un asesino, él me habría dado la razón, aceptando todas sus imaginarias culpas. Andrés Juárez en cambio estaba en un circunspecto papel secundario. Yo lo miraba con una extraña inseguridad y respeto hacia su persona. A esta altura no sabía qué pensar. Me amedrentaba un poco cuál pudiera ser su juicio acerca de mi persona. Me asustaba la posibilidad de que me hubiera oído decir que era un fantasma y que estaba muerto. Y al tiempo me aterraba la posibilidad de que pasados unos años preguntara a mi tía abuela acerca de Juárez y me contestara que de quién hablaba. Estas posibilidades eran y no eran reales para mí. Todo estaba en cualquiera de los casos, en la existencia. De modo que cuando empacamos todo para viajar a la capital y nadie mencionó a Juárez y ni siquiera dijeron que se quedaría solo a cuidar la casa a mí no me pareció que fuera un detalle sospechoso sino lo más normal, tratándose él de un fantasma inexistente.
Todo, todo me pesaba enormemente, y trasladar mis pies caminando era como arrastrar pesados muebles antiguos que se negaban a ser cambiados de sitio. Mi cuerpo estaba más seco aún, y mi cerebro espeso como si estuviera lleno de arena. ¿Cómo se puede pensar con el cerebro lleno de arena? Al volver de la playa hay que lavar el cerebro. A alguien puede parecerle raro o chistoso pero pensaba este tipo de pensamientos sin rumbo; del mismo modo que antes me había pasado meses en un bosque interrogativo haciéndome preguntas y más preguntas. Y justamente creo que aquella larga práctica en preguntármelo todo, fue lo que me sirvió de preámbulo a este nuevo estado donde aterrizaba sin más un chiste como para despejar el panorama de agobio y aplastante tristeza.
En los mejores momentos imaginaba a mi mamá muerta y le juraba con todo mi corazón que sería animoso, bien humorado y feliz en su nombre. Que ser feliz era lo que ella me había regalado, y eso era lo que más me levantaba el ánimo y lo que más me estimulaba a seguir por la vida poniendo un pie delante del otro. Y eso que también había aprendido de ella a encerrarme en mi habitación y tumbarme en la cama a oscuras, algo que no podía aguantar durante mucho rato, a diferencia de ella que pasaba días y días a oscuras. Como niño competía en todas las competencias y esto lo convertía en una competencia más, pero no era en la que pudiera ganar.
Me resultaba mucho más fácil ser feliz.

Hector D'Alessandro Sala, en Mundo 40 (+lista de reproducción)

domingo, 13 de abril de 2014

Literatura líquida. Novela. Día 24. Entrada 25

Yo no quería que nadie se ocupara de mi bien, no quería en absoluto que la sombre del bien comenzara a dañarme, ya conocía, desde muy reciente tiempo, las consecuencias, nefastas en principio para mí, obtenidas por mi papá en su intento por practicar la bondad. Mientras estaba allí pensando estas cosas, todas las palabras que mis parientes soltaban se iban vertiendo como plomo fundido en mis llagas más abiertas.
Mamá, no te mueras.
Eso es lo que me hubiera gustado exclamar, pero tenía que atenazar la lengua y todo mi interior porque se me hacía que me iba la vida en ayudarlos a ellos a mantener ese secreto ante mí.
Me puse a llorar desconsolada, interminablemente.
Mi mente se llenó de imágenes horribles de mi mamá muriendo sin mí, allá sola en la ciudad. La veía en su habitación haciendo girar sus ojos en círculos sempiternos. Sola y atontada a consecuencia de los medicamentos; sufriendo pero sin saber en superficie que está sufriendo. Sufriendo en el fondo pero con una postergación eterna inducida por los medicamentos; me sentía uno con ella, creía que si me dolía a mí su dolor, ella podría salvarse. Exclamaba en silencio en mi mente y en mi corazón. “Dios mátame en lugar de a mamá, llévame contigo”. Quería fundirme en un abrazo con ella y hacerle sentir mi amor como nunca antes lo hubiera sentido, hacerle sentir mi amor de modo tal que no pudiera menos que curarse con la descarga monumental de la energía de mi gigantesco amor.
Entonces, me puse de pie y me alejé de las casas en dirección otra vez al medio del campo, mi amigo me perseguía, callado e inmutable, ahora se parecía a la muerte, y llegando al medio de una llanura detrás de un cerro, abrí los brazos, los extendí al cielo y sentí que de las palmas de mis manos apuntadas hacia el cielo salía una energía que se conectaba directamente con la energía poderosa del dios del rayo. Que dios y yo éramos solo uno y que toda la energía del universo estaba pasando a través de mi cansado, seco y cambiante cuerpo y que todo el dolor del mundo pasando a través de mi cuerpo subía al cielo en un intercambio sagrado.
Estaba seguro de que mamá desde su cama sentía le fuerza invencible que allí se estaba produciendo y que ésta reponía de manera vibrante su  salud en todas las venas y en todas las arterias de su cuerpo.
—Dios, volví a gritar, ahora con toda mi voz, deja que mi mamá viva un tiempo más.
Entonces la luz del rayo me fulminó con un estampido ensordecedor y caí desmayado no sé cuánto tiempo, y al caer vi a mi amigo que se fundía con la oscuridad del horizonte en una nube que se acercaba como un tornado y se lo llevaba, tragándolo en su remolino con extrema violencia.
Me recogieron un rato más tarde y me llevaron a la casa, mi tía abuela estaba preocupada por mí. Me cuidaba con mucha aprensión y ansiedad, no era lo normal en ella, dueña de un pasmoso aplomo. De lo cual se debía suponer que su preocupación por mi salud y mi vida era intensa y verdadera.  
Estuve casi dos semanas en cama. Durante ese tiempo, Teresa y yo nos hicimos más amigos y llegué a quererla todavía más.
Se sentaba largas horas a la orilla de mi cama y me miraba, oraba, en otros momentos miraba a la pared absorta y continuaba moviendo los labios. No sabía yo que se podía llegar a preocupar tanto por mi pequeña persona, y lo encontraba por momentos excesivo a aquel movimiento de afecto en el padecimiento.  La miraba orar y cansarse mientras lo hacía y mientras sus ojos se entrecerraban los míos querían acompañarlos, a veces me daba la impresión de que empezábamos a soñar juntos. Varias veces al despertar le dije que estaba soñando que volvía a mi vida una serie de personas que hacía tiempo que no veía y que junto con ellas venía la sombra de un amigo mío imaginario que ahora se había largado de mi vida, y ella me contestaba que estaba soñando lo mismo. Yo no me lo podía creer pero por amor aceptaba sus palabras; luego también me entraba la duda acerca de sus afirmaciones pero volvía a concederle crédito a sus palabras. Así hasta que un día la vi que dormida me decía a todo que sí, que ella también, que por supuesto y eso me enojó mucho, me dio la sensación de que me trataba como a un niño pequeño, y yo ya no era un niño pequeño, era algo mayor y no me gustaba que me siguieran la corriente por quedar bien ni que me dieran la razón como a los locos.
Le grité que no me hiciera eso y su respuesta fue abrazarme y disculparse, y al soltarse y levantarse de la cama con la excusa de que iba al baño la vi que se secaba las lágrimas.

Narrar es un modo de pensar. Pensamiento narrativo con Héctor D'Alessandro

Narrar es un modo de pensar, de razonar.
Y sus razonamientos están estructurados en forma de frases.
En el nivel más elemental las frases son unidades de sentido que dan forma a imágenes, sensaciones y audiciones internas del escritor o la escritora.
El resultado final de todas esas imágenes, sonidos y sensaciones se traducen en frases, de modo que las frases narrativas son los razonamientos del escritor.
La opción por unas frases y no otras y su combinatoria constituyen el modo de razonar de cada escritor en concreto
Hasta ahora, este proceso se veía desde otras ópticas: estilística, narratología.
Pero, observado y sobre todo experimentado como razonamientos o pensamientos narrativos, permite acceder al autor al abc real de su modo especializado de usar el pensamiento, la prosa y el discurso.
El pensamiento narrativo es un proceso básico del cerebro, que ordena de este modo la totalidad de la experiencia perceptiva y representacional.
Por ello, el pensamiento narrativo está en la base del pensamiento creativo.
Todos los otros modos de pensamiento, surgen y se basan en este.
Por eso, acceder de nuevo a este modo de pensamiento, activarlo otra vez como una capacidad real y primigenia, no solo permite escribir creativamente.
Facilita el que pensemos pensamientos de mayor calidad y claros, eficaces, diferenciados y excelentes.
Esa misma claridad permite filtrar todo el material sobrante y por tanto la memoria comienza a trabaja de nuevo en un nivel de máximo desempeño.
En mi libro “Aprender es recordar. Una introducción al pensamiento narrativo” despliego y explico las bases de este pensamiento y cómo se estructura en tu cerebro, quieras o no.
En mis talleres entreno a tu cerebro para que recupere esta capacidad que te permite estar creativa en todos los momentos de tu día.

Héctor D’Alessandro

Con Paty


Aproximándome al fin de la novela.

Llevo días, en concreto seis, en que bajé el ritmo, o mejor sería decir que la novela, desarrollada, me lo ha bajado a mí. Todo el planteo necesario para llegar a esa escena cumbre que debe haber en cualquier novela, ya está puesto. Y luego, la bajada final la tengo completamente en mi imaginación. Las últimas frases del libro las sé de memoria. 
Quizás incluso termine antes del día calculado y ya podré comenzar a releerla con el objetivo de corregirla, recortar, pegar, toda una parte que hace años, antes de aprender coaching, me aburría y que ahora disfruto tanto como del mismo proceso de escritura.
La librería cerrará el día 18, que aprovecharé a tomármelo de descanso y el 19 concluiré. 
           Es decir que en los seis días que quedan se escribirán entre unas treinta y cincuenta páginas que nos llevarán directamente a la llanura donde pace la palabra FIN. 

sábado, 12 de abril de 2014

Literatura líquida. Novela. Día 23. entrada 24

Pasaron días agrios en los cuales Alberto discutía en sordina con mi tía abuela y yo me devanaba los sesos imaginando sobre qué discutían o mejor dicho sobre qué cosa habría podido ser el detonante de su estado continuo y mutuamente referido de malestar. Así fue hasta que un día al volver del campo con mi amigo al lado, pasé por delante de la ventana de la cocina que abierta daba al campo y pude oír sus voces que hablaban de una herencia. Y esa herencia era la del padre de mi madre, a la cual el tío Alberto debido a un parentesco cruzado de las dos familias, también tenía derecho y quería que todo quedara claro antes de que mi mamá muriera. Yo me giré apenado y miré al campo, mi amigo estaba en cuclillas y su rostro apuntaba en mi dirección, por lo cual pude adivinar cierta expresión dentro de la oscuridad característica debajo de aquella capucha. Me pareció que se compadecía de mí pero la compasión no me cuadraba como un sentimiento muy habitual en mi amigo. Por lo cual continué mirándolo fijamente mientras aguazaba el oído en dirección a la reyerta verbal que mantenían mis parientes. Pude entender que si mi mamá moría sin reclamar algo de aquella herencia o sin que se destinara a ella la parte que le correspondía, esto causaría toda una serie de males atroces a mi futuro, el cual al parecer se convertiría según sus palabras en una suerte de pesadilla burocrática. El primo se escondía detrás de esta expresión diciendo querer evitarme males mayores; lo hacía en nombre del bien, por mi bien.