Soy uno de los ganadores del Concurso Internacional de Cuento Breve de la Ciudad de Mexico.
Antología: "Voces con vida", de nuevos narradores hispanoamericanos, que proximamente se editará. Se han presentado mas de 800 autores con mas de 1400 trabajos procedentes de todos los continentes y hemos sido seleccionados 100 autores con 136 trabajos. Mi relato se titula: "Un hombre encuentra una novela en el metro de Paris" y en su día apareció en este blog. Para ver la información completa ir a http://www.semiotics.com.au/ Diciembre 2008
Sobre el libro “Viaje a la ficción”, un viaje a ninguna parte. El Sr. Vargas Llosa ha llegado a la avanzada edad del tarambanismo intelectual. Héctor D’Alessandro
Ayer llegó a las librerías, anoche lo leí; lo que suponía, un bluff. Uno mas del Sr. Vargas. Seré breve, quizás en los próximos días lo relea y piense exactamente lo contrario.Se anuncia como un libro que analiza los sutiles mecanismos que relacionan vida y ficción. Esto es hacer de vicios virtudes, tras redactarlo el Sr. Vargas vio que a ese tipo de analisis del cual no puede escapar ("Orgia perpetua", "Historia de un deicidio", quizás el más escolar y simple de sus libros)es a lo que había llegado y lo justifica a posteriori con un prólogo muy muy aburrido en el que basicamente explica como se le ocurrió a él la novela "El hablador". El caso es que este libro es una estafa en toda regla. Fue anunciado como un estudio del estilo de Onetti. No lo és. Para estudiar el estilo de alguien hay que poseer un estilo propio y Vargas no lo tiene, mal que le pese. El Sr. Vargas sabe crear espléndidas estructuras totalmente injustificadas por la trama. Ha aprendido a crear persones redondos con el paso de los años (muchos años). Pero su estilo aún no ha llegado, chupar un clavo, como dicen en Uruguay, posee más encanto para las papilas gustativas. Sólo hay un pasaje en este interesante libro informativo (eso es lo que es) que va de la página 116 a la 119. Allí define la voz más usual de los relatos y novelas de Onetti como a una voz crapulosa, pero no le llama “voz” sino estilo. Conocedor de sus carencias, el sr. Vargas se justifica al final del libro diciendo qué es lo que no quería hacer. Dice que “no es un libro de erudición” sino “una lectura personal”. El Sr. Vargas es deudor una vez más de la vieja escuela de estudios literarios centrada en la temática y en la relación entre el libro y la vida del autor. Está enchalecado en sus propias represiones. Vargas, que a esta altura de la vida, con más números en el otro mundo que en este, no va a desarrollar un estilo que no posee y jamás lo verá en otro aunque se lo pongan señalizado y etiquetado. La pruieba de que este libro es un bluff, es que hasta llegar a la página 32 no se menciona a Onetti sino que se habla de una vaga teoría del narrador junto al fuego y el origen de la ficción y otras memeses en las cuales Vargas no cree pero ahora finge creer. El sólo cree en las ocho horas junto al ordenador. Insiste mucho, Vargas, en que este narrador, Onetti, es valorado en su país, el Uruguay, por la izquierda y por la derecha. Una estupidez, es incomprendido a izquierda y a derecha y por ello respetado. La ignorancia se ha distribuido democráticamente en ese país. Lo que le sucede a Vargas es que a esta altura de la vida se ha dado cuenta que no posee un estilo, sus frases, las mas bellas, extrapoladas, no levantan vuelo. Es que el arte es un secreto a voces. Y Vargas lo conoce, tanto que ha escrito una obra maestra que se llama “La ciudad y los perros”. Pero luego se le ha ocurrido querer meterse en todo. Por mucho que se vista de seda... En fin, que el mundo ha cambiado de manos, las influencias culturales predominantes están cambiando de eje al igual que los polos financieros y Vargas no quiere bajarse del tren (lo cual es muy legítimo), no se va a fingir un izquierdista, pero está dando el giro táctico para reconquistar al público de izquierda que ya hace años lo crucificó. El caso es que fingirse inteligente analizando a un autor inteligente no le va a rescatar ni a un lector inteligente, que estos seguramente jamás lo abandonaron. Son los mismos que saben que de aquí a cincuenta años Vargas será olvidado, se leerá “La ciudad...”, Se recomendará mucho como un libro menor “Pantaleón...” y de su obra ensayística literaria se recordará que se parecían mucho a unos ejercicios juveniles de estudiantes de bachillerato. “La verdad de las mentiras” será la excepción por su gran contenido informativo y por el acierto de algunos pasajes. El futuro siempre es de los mandarines, y Vargas no lo es. Quien quiera aprovechar al máximo este libro, que vaya a la librería y lea las páginas indicadas en el tercer párrafo de esta nota. Así habrá aprovechado lo que Vargas aun puede dar y se puede ir a gastar sus 17,50€ a otra parte. Este libro no obstante me ha hecho pensar, me ha hecho pensar que todos los juicios negativos acerca de la prosa y el estilo de Onetti, son verdaderos, sí que es pastosa su prosa, sí que está afectada por las malas traducciones, sí que plagia mucho a Faulkner, pero aún así es el creador de un mundo, y lo es porque tenía una concepción de éste, negativa, pero concepción al fin, algo de lo que carece Vargas Llosa. Un autor extraño donde los haya, constructor de artefactos literarios de complejísima arquitectura no siempre justificada, un neoliberal a ultranza que podría continuar negando el derecho del autor a intervenir en la praxis histórica y política, mientras él, como buen derechista, lo hace, y ahora, en plano malabarismo final, intentando dar un giro a la izquierda que quizás lo ponga en la posición más ridícula: la del que finge arrepentimiento. Un mundo vacío, incluso cuando escribe ensayo, el del sr. Vargas, ni siquiera hay en él la suciedad que tanto admira en Onetti, un mundo de estudiantes que tratan acerca de temas pero nunca tocan la verdadera carne bullente de la vida. En el fondo quizás lo teme, quizás sea sólo palabras este señor, quizás nunca existió, quizás la CIA le escribió todas sus novelas para infiltrarlo en determinados sitios, como lo hizo con Jackson Polock, o quizás la explicación de todo esto sea lisa y llanamente que el Sr. Vargas que argumenta sobre Onetti con un informe del economista E. Iglesias es del signo de Aries y no hay ninguna otra explicación. Al fin y al cabo, en una encuesta ya antigua se demostró que a largo plazo (diez quince años) los barrenderos de N.Y. acertaban más sobre economía que los más extraordinarios economistas. Sr Vargas, no intente vender gato por liebre. Hace feo. Y usted ya es grande. Cuando quiera saber algo sobre “estilo” llámeme y nos tomamos un café, según la hora que sea, hasta quizás sea mejor que se pase por casa. Un saludo.
H.D.
P.S. Si se me ocurre un nota que diga exactamente lo contrario, mañana la publico, si no, es que estoy muy ocupado leyendo a De Quincey.
Cuando yo era un niño, mataron a mi primer amor. Se la llevaron un día, la torturaron y la violaron y luego la enviaron lejos, muy lejos. A un lugar de donde ya no se vuelve. Yo tenía ocho años y ella ventiocho, pero me había enseñado a jugar al ajedrez y era mucho más divertida que mi familia entera. Decía que había que escuchar al propio corazón, a las cosas y a las plantas y animales. Mi amor por ella era fervoroso y sexual, se saciaba con diálogos a solas en mi habitación, practicando con la almohada qué cosas le diría para que al fin se diera cuenta cuanto la quería. Se saciaba en un restregarse fervoroso contra la almohada, con tensión, sin descarga y al fin con una larga meada de facundia tropical.
Yo aprendí que mi país era un terreno apto para la infamia, que mi país era horrible y mortal, que no hay otro igual.
Luego un día se llevaron de noche a mi dentista, lo lanzaron por el balcón de la cuarta planta donde vivía, metida su cabeza en una bolsa de arpillera, ese detalle tuvieron, para que no se mareara al caer.
Qué les voy a contar que no sepan, que les voy a contar que no hayan visto suceder en las calles más civilizadas de Montevideo.
En la tele salía un perro facineroso que vociferaba con el movimiento de sus cejas y proponía con enorme educación meter más gente presa, a los niños, a los padres de los niños, por sus ideas, por ser padres de esos niños con esas ideas. Con el tiempo se hizo presidente de la renovada democracia. Como un premio por sus innovadores proyectos. Yo no lo voté, pero el ganó y nos volvió a joder a todos.
Un vecino mío, esquizofrénico de profesión, decía: “no entiendo nada, yo voto a tal pero gana el otro, este país gira en círculos”.
Sí.
Durante años me dediqué a recomponer el pasado, esas imágenes y esos recuerdos. Los sacaba de noche cuando se oían la sirenas lejanas del país sin igual plagado de perros policía y los ponía todos sobre la mesa, los combinaba entre sí, intentaba sacar de ellos una respuesta o solución que me explicara todo y justificara ante mis ojos le regla de la inopia y de la maldad. Pasaba entonces de una explicación a otra y no lograba salir de la inútil cárcel que se extendía a través de todas las mentes.
Abrir la puerta para salir a la calle podía ser abrir la puerta para ir a dar directamente a la cárcel.
Pero la cárcel venía igualmente a visitarte. Una señora que limpiaba y cocinaba en casa, está pelando unas papas y se le caen, papas y cuchillo de las manos, se sienta en la silla, apoya la cabeza en las manos y llora. Tiene nauseas de los nervios que pasa desde hace una década. Su hijo está preso. Todo el mundo está preso. A todos se les cae el cuchillo y las papas de las manos.
Vuelvo a mi cuarto y meto todos los recuerdos y las imágenes en su caja, no volveré a marearlas en días. Todos estamos presos.
El año que viene será presidente de mi país un señor que se pasó trece años preso, nueve de ellos en un pozo húmedo con el agua pudriéndole el cuerpo. A veces durante el día miraba las hormigas, las oía trajinar, las oyó, en medio de aquella inmensa desolación, aullar. Las hormigas gritan, dice. Yo le creo. En las noches montevideanas la soledad es ancha y el horror puede ser inmenso, las hormigas pasan en fila aullando.
Sincronicidad: una de Nabokov y Kubrik. Héctor D'Alessandro
Los narradores que se inventa Nabokov suelen ser gruñones antifreudianos. Un recurso, Borges, más positivo, fingía la creencia, por parte de sus narradores, en la teoría de la voluntad como representación, de Schopenhauer. La filosofía, así como la ciencia, funcionan como variedades narrativas, resultan muy próbidas a la hora de nutrir el discurso de un narrador o de un personaje.
Los narradores que se inventa Nabokov nunca son, por ejemplo, antijunguianos, “ser” eso requiere un lector de elevadas miras y además muy entrenado. Sin embargo, la sincronicidad, o teoría acausal del universo, nutre buena parte de sus ficciones y de su vida.
Una anécdota acausal nabokoviana.
1916. Vladimir Naboov hereda de su tío Vasili Rukavíshnikov una enorme fortuna que lo libera de por vida. Fortuna que pierde al año siguiente a manos de la revolución bolchevique.
Entonces tiene un sueño que anota en su cuaderno: El tio Vasya, su voz, le dice “Volveré a ti con el nombre de Harry y Kuvyrkin”. Harry y Kuvyrkin son, en el sueño, dos payasos, inexistentes, aludidos por las palabras del tío pero nunca vistos por el soñador.
En 1959, ya ha salido “Lolita” y él se encamina hacia la fama y la prosperidad definitivas, no obstante, aún le falta “aquel” cheque definitivo que lo saque de la monotonía absurda de sus días como profesor. Un día lo están entrevistando para la ñoña revista “Life” cuando recibe una llamada de un amigo que le dice si ha leído el New York Times. Casualmente aquella mañana no lo había leído aún y eso que a diario lo hacía, debido a que seguía con interés y pasión el caso del niño Nimer que muy probablemente había asesinado a su familia.
La noticia, aquella mañana, de interés para Nabokov, era que Harris y Kubrik habían comprado los derechos de “Lolita” por 150.000 dólares, más 15 % de la recaudación.
El tió Vasili había cumplido, volvía y lo hacía con vibrante fuerza monetaria. (*) La anécdota que nutre a este texto está narrada por Brian Boyd en su excelente biografía "Vladimir Nabokov", en el segundo tomo ("Los años americanos" , pagina 449. Editorial Anagrama, 2006)
Para que nada sea en vano, se inflan las palabras, para que estas caigan como cascadas, como piedras, como rocas rodantes por la montaña, despeñándose con estruendo.
Para que nada sea en vano, el rugir de la batalla expresa lamentos de moribundos y gritos jactanciosos de matadores.
Y de la tierra mana sangre.
De la tierra mana sangre para que la vea, la guste, la oiga aullar el testigo.
El pastor de cabras a la puerta de su choza tranquila. El señor que por allí pasaba. Todo lo hace Homero con arte, con sorprendente habilidad, con viveza y con intuición. No escribe para el órgano del templo ni para los grandes corifeos.
Su verso va a dar como un cauce breve que se hace hilo de agua rica al oído de un pastor, un pastor perdido en la montaña que oye desde lejos el rugiente clamor de la batalla.
Todo se hace por un pastor.
La poesía toda. La pasión. La luz de la tarde, el verdor y la sangre se harán por un pastor.
De nada vale, para nada sirve el rugiente clamor y la gritería despeñándose por los barrancos como un eco inmenso de la carnicería infinita si no lo escucha alguien, alguien como tu, alguien que pasa por allí, el pastor, el señor ese que anda por ahí.
La mano del novelista donde más se ve es en las fotos. Sostiene su cabeza, esa cabeza pensadora, preocupada por el destino humano o por las cifras de ventas, pero preocupada al fin. Siempre he reflexionado acerca de esa mano que sostiene a esa cabeza hipervalorada. Y me ha asombrado que pocos se hayan decidido a romper el rito de fotografiarse de esa manera tradicional. Pienso en unos pocos. García Márquez tumbado en aquel sofá con las manos encima de la cabeza, sonriendo con claros signos de disfrute. Recuerdo a José Donoso tumbado en una hamaca con un perro en las cercanías o encima suyo. Tomasi de Lampedusa acariciando campechanamente otro perro.¿Por qué los escritores se sostienen la cabeza? Podría uno pensar que les duelen las muelas pero ciertas sonrisitas conspiran a toda costa contra esta suposición.A veces la cara apoyada parece decir ¿habéis visto lo que he hecho? Pero son los menos.La duda permanece. Es de esos misterios que viven mejor sin respuesta.Cuando paseo por la Rambla Cataluña, a veces, pienso que un día veré allí el mejor homenaje de los ayuntamientos y la escultura al mundo del escritor; no se tratará de un libro ni una pluma, será una mano, una mano enorme para sostener cualquier cabeza, ligera o pesada, una cabeza, dos cabezas, un sinfín de cabezas apoyadas en esa mano enorme, cabezas de novelista. Episteme: la mano del escritor, d'alessandro, psicocuantico, literatura liquida, lampedusa, garcía marquez, donoso